Primer paso: ¿por qué?

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Para empezar, ¿a cuento de qué sirve una lengua construida? La respuesta es tan sencilla como esta: para lo que tú quieras. Cuando el oftalmólogo polaco Ludwik Lejzer Zamenhof creó el esperanto, lo hizo para ofrecer a la humanidad una lengua fácil de aprender, y con la que personas de diferentes culturas pudieran comunicarse en cualquier lugar del globo. Y cuando la Logical Language Group, una organización sin ánimo de lucro, creó el lojban, su intención era suprimir las ambigüedades e imprecisiones que tanto abundan en las lenguas naturales.

Pueden existir muchas otras motivaciones, aunque en este blog nos vamos a centrar principalmente en las llamadas lenguas artísticas, que son aquellas diseñadas específicamente por capricho de su autor y, muy probablemente, para dar voz a una cultura imaginaria. Son los casos del quenya de los elfos de Tolkien, el klingon del Universo de Star Trek y el na’vi de la película de Avatar.

Estos tres ejemplos que acabo de citar son lenguas razonablemente completas, con miles de palabras y una gramática suficientemente definida, con las que se pueden mantener verdaderas conversaciones. El número de fans de estas lenguas es considerable, y continuamente añaden nuevas palabras, experimentan conversando, y proponen cambios para facilitar su uso. Sin embargo, y pesar de este esfuerzo, se encuentran a años luz de la complejidad de las lenguas naturales. Estas poseen léxicos mucho más nutridos, con matices semánticos sutiles y variados, con normas gramaticales endemoniadamente complejas y con un paquete de expresiones, modismos, refranes y demás que deja en pañales a cualquier lengua construida.

Esto lo digo para que asumas desde ya que, aunque tu ambición no tenga límites, jamás podrás alcanzar la complejidad de las lenguas naturales. Los idiomas del mundo real han sido modelados durante cientos de generaciones por miles o incluso millones de personas, cada una de las cuales ha aportado su granito de arena. Más aún, reciben la constante influencia de muchas otras lenguas.

Con esto, pienso que el objetivo de un constructor de ideolenguas tiene que ser en realidad el de convencer al lector u oyente de que lo que ha creado parece una lengua natural. O dicho de otro modo: debe tener bien claro desde el principio hasta dónde quiere llegar. Quizás solo requiera un puñado de nombres propios para bautizar personajes y lugares, sin necesidad de ninguna gramática. O puede ser más ambicioso y querer escribir largos textos, para lo que tendrá que crear una gramática y una escritura. Pero sea una cosa u otra, deberá echar el freno en algún momento y dejar que sean los fans, si los consigue, quienes continúen con la labor.

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