Cuarto paso: historia y cultura

El método más popular para construir una lengua artística es el llamado método naturalista, que consiste en imitar a los idiomas que hablamos en el mundo real, y que es el método en el que me voy a centrar en este blog.

Las lenguas naturales suelen estar plagadas de irregularidades e imprecisiones. En español, los verbos «ser» o «ir» conjugan como les viene en gana, y las dobles negaciones como las que podemos encontrar en oraciones como «no hay nadie» parecen atentar contra toda lógica. Todo esto me parece fascinante, pero lo dejaré para posteriores entradas. Lo que a continuación voy a tratar es sobre el siguiente hecho: que las lenguas naturales son el resultado de complejos procesos históricos y culturales.

Una lengua como el español no puede entenderse sin tener al menos alguna noción sobre su historia. Pensemos por ejemplo en por qué se parece tanto a lenguas vecinas como el portugués o el catalán, pero se diferencia mucho más de otras como el euskera o el árabe. Como sabrás, esto se debe a que el español, el portugués y el catalán descienden del latín, mientras que el antepasado común con el euskera y el árabe se pierde en el pasado más remoto.

Aun así, en nuestro léxico pueden rastrearse numerosas palabras que proceden precisamente del euskera —como «perro» o «izquierda»—, del árabe —«almohada» o «alquimia»— y de muchas otras lenguas. La mayoría de estos préstamos se tomaron en un momento preciso del pasado. Por ejemplo, la mayoría de los arabismos se adoptaron durante la Edad Media, cuando los árabes vivían en la península. En la actualidad el español se está poblando con anglicismos debido al predominio de los países angloparlantes.

Otras palabras como las famosas «siesta» y «sobremesa», son creaciones únicas del español. Todas las lenguas tienen casos similares. En gaélico, la lengua hablada en Irlanda, existe la palabra «sgriob», que se refiere al picorcillo que te entra en los labios tras beber whisky, y en alemán está «freizeitstress», que es el estrés que te entra por no saber qué hacer en tu tiempo libre. Como vemos, estos vocablos cumplen con los tópicos de cada cultura. Otras palabras reflejan el entorno natural, como las más de cincuenta que posee el finés para referirse a diferentes estados de la nieve y el hielo (aquí las puedes ver).

Por todo esto, es recomendable definir la cultura, la historia y el entorno natural de los hablantes de tu lengua antes de que te pongas manos a la obra.

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