Decimoprimer paso: la información gramatical

En el anterior paso vimos los diferentes tipos de morfemas que puedes elegir para tu lengua, así que lo que toca ahora es conocer qué información pueden aportar. O dicho de otro modo, ¿cuántos géneros tendrá tu lengua? ¿Y cuántos números? ¿Tendrá pasado, presente y futuro como el español, o solo pasado y presente como el inglés?

Los morfemas ligados a los sustantivos aportan lo siguiente:

  • Género: en realidad, de esto te puedes olvidar porque la gran mayoría de las lenguas del planeta lo hacen, como el inglés. Pero si le tienes cariño al género, debes saber que existen muchos más que el masculino y el femenino. En español queda algún vestigio del género neutro en palabras como «lo» o «aquello». Y en muchas otras lenguas encontramos géneros tan exóticos como el animado —para todo aquello que se mueva—, el inanimado —para lo que no se mueva—, otro solo para las plantas, otro para los animales, etc. El género es uno de los campos en el que puedes ser más creativo.
  • Número: los dos números universales —o casi, que alguna excepción hay— son el singular y el plural. Otros números también muy comunes son el dual —con el que nos referimos a pares de cosas—, el paucal —con el que nos referimos a cantidades pequeñas—, o el nular —con el que designamos cero unidades—.
  • Persona: tanto en español como en la inmensa mayoría de las lenguas hay tres números, la primera persona, la segunda persona y la tercera persona. Pero en algunas raras lenguas pueden aparecer una cuarta y ¡hasta una quinta persona!

Y los morfemas ligados a los verbos aportan esta otra información:

  • Tiempo: por raro que pueda parecer, no hay muchas lenguas que tengan completa la tríada temporal del pasado, presente y futuro. Como he señalado más arriba, el inglés carece de una conjugación para el futuro, de manera que cuando un angloparlante desea referirse a este tiempo debe utilizar alguna perífrasis verbal, como «I will sing» («cantaré», o más literalmente «yo deseo cantar»).
  • Aspecto: otras lenguas como el árabe tienen los santos bemoles de prescindir totalmente del tiempo gramatical. ¿Y cómo enmarcan sus acciones en el tiempo? Pues de un modo muy original: haciendo uso del aspecto gramatical. Esta nueva información no nos dice cuándo se produce la acción, sino en qué estado se encuentra. Por ejemplo, el aspecto perfecto señala que la acción está acabada, mientras que el aspecto continuo nos dice que aún está en curso. Así, en árabe el aspecto perfecto se utiliza para acciones que sucedieron y el continuo para las que suceden ahora. (El futuro también se construye por medio de perífrasis).
  • Modo: esta categoría se utiliza para saber si una acción es real o no. El modo indicativo, que es el único que poseen todas las lenguas del planeta, nos dice que la acción es real, como en «paseas» o «descansó». Pero otros muchos modos describen acciones que están más en nuestra mente que en la realidad. Con el subjuntivo hablamos de acciones hipotéticas o deseables, como en «quizás compre ese pantalón». El condicional —que debería sonrojar a los académicos de la RAE por cometer el error gordísimo de clasificarlo como un tiempo verbal del indicativo— nos sirve para hablar de acciones que solo se harán realidad bajo alguna condición. Y cuando damos órdenes utilizamos el modo imperativo. Estos son lo modos del español, pero hay otros como el dubitativo (para expresar dudas) o el interrogativo (para formular preguntas).
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