Lenguas acusativas y ergativas

(En deuda con Iván Fernández del Río por su ayuda con el euskera)

Atento a estas dos oraciones:

  • «Pedro viene»
  • «Pedro vio a María»

Los verbos «venir» y «ver», a pesar de su similitud fonética, se diferencian entre otras cosas en que el primero es intransitivo y el segundo transitivo. Por si tienes algo oxidada la asignatura de lengua del colegio, te recuerdo que los primeros tienen prohibido ir en compañía de complementos directos. Esto no se debe a ninguna perreta de los académicos de la RAE, sino a que simplemente es imposible. Un complemento directo expresa el producto directo del verbo, y «venir» no produce nada. En la primera oración, ¿qué es lo que «viene»? Viene Pedro, pero «Pedro» ya es el sujeto. Por el contrario, el verbo «ver» de la segunda oración es transitivo porque sí produce algo. En este caso, la visión de Pedro consigue ver «a María», que es un complemento directo.

Ahora fíjate en el complemento directo. ¿Por qué lo reconocemos como tal y no lo confundimos con el sujeto? Por una pista muy sencilla, esa «a» que aparece justo antes de «María». En el caso de que invirtiéramos el orden de la oración: «a María vio Pedro», todavía entenderíamos que «Pedro» es el sujeto y «a María» el complemento directo.

Todo esto parece muy obvio, de manera que es posible que te preguntes a cuento de qué te estoy dando esta brasa. La razón se debe a que no todas las lenguas obedecen esta lógica. Alrededor de cuatro quintas partes de las lenguas del mundo son acusativas o nominativo-acusativas, lo que significa que construyen sus oraciones como en los ejemplos de arriba. Lenguas acusativas son el español, el inglés, el chino y prácticamente todas las lenguas que ahora mismo se te ocurran… salvo una que tiene la vitola de ser siempre una excepción, el euskera, que es ergativo-absolutiva o, para abreviar, ergativa. Las lenguas caribes, las caucásicas o las mayas también son ergativas.

En las lenguas acusativas, al sujeto le importa un pito si el verbo al que acompaña es transitivo o intransitivo. Como vemos en las dos oraciones de arriba, el sujeto es siempre el mismo: «Pedro». ¿Pero qué pasaría si el español, después de una mala noche, se levantase al día siguiente como una lengua ergativa? En tal caso, a los hispanohablantes no nos quedaría más alternativa que decir las dos oraciones de antes del siguiente modo:

  • «A Pedro viene»
  • «Pedro vio a María»

Como ves, al sujeto de la primera oración le ha salido algo muy raro justo delante, una extraña «a» que es exactamente la misma marca que lleva el complemento directo de la segunda oración. Puedes caer en la tentación de creer que «a Pedro» sería en realidad un nuevo complemento indirecto, y que algo misterioso se estaría acercando a Pedro. Pero no, no, no… olvídate de eso. Si ciertamente al español le diera por volverse ergativo, ese «a Pedro» sería la forma correcta de construir un sujeto en oraciones intransitivas.

La explicación es la siguiente: en las lenguas ergativas los sujetos de oraciones intransitivas llevan la misma marca que los complementos directos.

Para recalcarlo, traduzcamos las dos oraciones que no dejo de repetir al euskera:

  • «Pedro (S)    dator (V)»
  • «Pedrok (S)    Maria (CD)    ikusi du (V)»

Pero de nuevo encontramos cosas extrañas. En primer lugar, el verbo (V) de la segunda oración aparece al final del todo, algo infrecuente en español aunque normal en euskera y en muchas otras lenguas, como en nuestro antepasado el latín. Y en segundo lugar, mientras en español el sujeto carece de marca distintiva y el complemento directo debe llevar una «a» —a decir verdad, solo a veces—, en euskera sucede lo contrario, es decir, que es el complemento (CD) el que se libra de ser marcado, y el sujeto (S) debe ir en compañía del sufijo «-k». No obstante, para el tema de la ergatividad esto es irrelevante. En lo que te debes fijar es en el hecho de que el sujeto de la oración intransitiva recibe el mismo trato —librarse de llevar marca— que el complemento directo, pero diferente al del sujeto de la oración transitiva.

Salvo si hablas euskera, es posible que crear una lengua ergativa te resulte poco intuitivo. Yo mismo a veces tengo dudas sobre si un verbo es transitivo o intransitivo, y por eso siento una inclinación especial por las lenguas acusativas. Sin embargo, existe una nutrida lista de ideolenguas ergativas, como la lengua negra, el na’vi o el ithkuil, una lengua construida con toda la intención para evitar ambigüedades y abreviar las expresiones.

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