Palabras y sinestesia

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Grosso modo, podemos clasificar todos los sistemas para crear nuevas palabras en métodos a posteriori y métodos a priori.

  • A posteriori: estos métodos se inspiran en los vocabularios de lenguas preexistentes. Por ejemplo, la mayoría de las palabras del esperanto tienen raíces que proceden del latín, el italiano, el francés, el alemán y el inglés. Estas se adaptan al sistema fonológico del esperanto y toman los sufijos que exige su gramática. La raíz de la palabra «linguo» (lengua, idioma) procede del italiano «lingua», y a la que se le ha añadido el sufijo «-o» que deben llevar todos los nombres comunes en esperanto.
  • A priori: al contrario que los anteriores, estos métodos se apartan de todo lo conocido y sacan sus palabras de la chistera de la imaginación. Casi todas las lenguas artísticas que se te ocurran siguen estos métodos, como el quenya, el klingon o el na’vi.

En realidad, los métodos apriorísticos son un pelín tramposos debido a que, ya sea de forma consciente o no, el autor siempre se inspira en algo que le es conocido. La primera lengua que construyó David Peterson, el autor del dothraki, fue el megdevi, una palabra creada a partir del nombre de su novia de entonces, MEGan, el suyo propio, DAVid —aunque le cambió esa inoportuna a por una más correcta e, que es como se pronuncia—, y el sufijo «-i» que suele utilizar para nombrar todos sus idiomas. Dejo al lector la oportunidad de adivinar el nombre de mi ojito derecho cuando creé mi primer idioma, el LAURent.

Pero, ¿qué pasa si estás más solo que la una o si ya no aguantas a tu pareja? En este último caso, bien podría inspirarte para una lengua de orcos. Más en serio, hay un sistema francamente útil que se aprovecha de una de las cualidades más extrañas del ser humano: la sinestesia. ¿Y esto qué es? La sinestesia consiste en percibir algo con un sentido e interpretarlo por medio de otro. Por ejemplo, el color rojo lo solemos relacionar con el calor, y al azul con el frío. Son colores, pero los interpretamos también como sensaciones térmicas. Hay personas que tienen la sinestesia a flor de piel, y son capaces de percibir los números con colores y hasta con tamaños determinados.

Esto tiene mucho que ver con las palabras. Observa las siguientes figuras:

kiki-bubu

Ahora les vas a poner nombre, pero solo te ofrezco dos posibles: Kiki y Bubu. ¿A cuál llamarás Kiki y a cuál Bubu? Este juego se ha propuesto en muchas ocasiones, y la gran mayoría de las personas suelen elegir Kiki para la primera figura y Bubu para la segunda. El culpable es la sinestesia. «Kiki» es una palabra con grandes contrastes entre las consonantes y las vocales, de manera análoga a los contrastes de las diversas puntas de la primera figura. En cambio, «Bubu» resulta ser más esponjosa o suave, o sea, más parecida a la figura de la derecha.

Así, cuando te pongas a crear palabras, podría serte de gran ayuda la sinestesia para interiorizar el concepto que quieras transmitir, y convertirlo en una palabra que te suene precisamente a eso. Por supuesto, los resultados serán en su mayoría muy subjetivos, pero qué más da. ¿Acaso «teléfono» suena a lo que se refiere?

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3 comentarios en “Palabras y sinestesia

  1. En efecto, siempre hay alguna cosa asociada. ¿Lo del experimento “Kiki” y “Bubu” se ha probado cambiando el orden de los patrones? Es posible que si escuchamos dos palabras nuevas seguidas las asociemos según el orden izquierda derecha. Si uno lo piensa, suelen ser mezcla de algo, la inspiración del momento, reinterpretación semántica de otro vocablo que no se recuerda haber leído o, a veces, la deconstrucción de alguna palabra común conocida; con el pantakakiano he creado alguna que otra a partir de juegos de palabras; por ejemplo “Derramar”, de “Derra”, viento, y “Mar”, penetrante, o “Picaste”, de “Pic”, plomo, y “aste”, una deformación del vocablo griego “Astu”.

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    • Hola Javier! Ciertamente desconozco los detalles de los experimentos, pero algo de lo que sugieres sí se ha estudiado. Lingüistas como Lera Boroditsky han confirmado una versión muy suavizada de la teoría Sapir-Whorf , por la que el orden de la escritura afecta a cómo interpretamos el tiempo. Quienes usamos la escritura latina solemos ordenar el tiempo de izquierda a derecha, mientras que los chino la ordenan de arriba abajo. La percepción de los colores parece que también está influida por cuántas palabras referidas a colores tiene una determinada lengua. Por lo demás, estoy de acuerdo contigo en que siempre mezclamos recuerdos cuando creamos palabras, aunque tampoco conozco ningún estudio al respecto. Y muy buena idea con el pantakakiano. Sería interesante conocer más detalles! 😉

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  2. Pingback: Una nueva lengua: historia | Cómo Crear una Lengua

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