Una nueva lengua: historia

La historia del pueblo al que quiero dar vida comienza con una cuestión espinosa: cuándo y cómo diablos cruzaron el brazo de mar que separa el continente europeo de Incógnita, la isla que creé para ellos y que aquí podéis contemplar en todo su esplendor.

En la misma entrada a la que me acabo de referir, también afirmé que quería que mi lengua no estuviese emparentada con ninguna otra. Este capricho me obliga a que mi pueblo imaginario cruce el Atlántico antes de que las lenguas indoeuropeas y afroasiáticas barrieran a las que se hablaban en las costas atlánticas de Europa y el norte de África —salvo el euskera, con la que tampoco deberá estar emparentada—. En realidad, aquel fue un proceso largo y complejo, y tanto que incluso en tiempos romanos todavía se hablaban en aquellas zonas lenguas de familias actualmente extintas. Por lo tanto, tengo una amplia franja temporal donde elegir. Ahora bien, como quiero crear antes de nada una lengua madre muy antigua, me temo que debería retroceder bastante, quizás a un momento entre el tercer y el segundo milenio a. C.

La decisión de alejar tanto en el tiempo la colonización de Incógnita puede ser una buena idea para crear mi propia lengua —razón por la que no me voy a bajar de la burra—, pero plantea el problemilla de cómo pudo haberse cruzado el Atlántico en una época tan antigua.

En primer lugar, me parece que lo más razonable es que los primeros colonos provengan de lo que hoy es Portugal, puesto que es la región más cercana —pertenecían entonces a la cultura megalítica, que predominaba la región—. Sin embargo, a pesar de esta supuesta cercanía, la distancia a salvar es de unos trescientos kilómetros, una brecha que en el mundo real no se franqueó durante aquella época. Así que para resolver el entuerto no me queda más remedio que echarle toneladas de imaginación más una pizquita de investigación.

distancia-con-portugal

Durante la prehistoria, los humanos solo lograron cruzar los mares bajo dos condiciones: la primera se dio cuando el nivel del mar descendía durante las glaciaciones, despejando puentes de tierra. Este fue el caso de América y de las islas británicas. La segunda condición se daba cuando las tierras al otro lado del mar estaban al alcance de la vista desde la costa continental más próxima. Así sucedió con Australia o las islas del Mediterráneo. La primera opción no me sirve porque la última glaciación llegó a su fin hace diez mil años. Sin embargo, la segunda opción plantea una nueva dificultad: trescientos kilómetros son demasiados para que alcance la vista, incluso la de un águila. De manera que me voy a sacar de la chistera una nueva isla, esta vez de origen volcánico, muy chiquitita y que se encuentre a media distancia entre ambas costas. Con un poco de suerte, alguna barca que merodeara las costas occidentales de Iberia podría haber perdido el rumbo después de una tormenta y haber alcanzado la isla volcánica, dando origen a una población estable. Quizás desde allí las costas de Incógnita podrían ser visibles, así que tarde o temprano deberían haber intentado cruzar el mar. ¿Que le he echado demasiado morro? Sí, por supuesto, pero el problema ha quedado resuelto.

isla-volcanica

Para evitar malentendidos, la lengua que hablaban aquellos primeros colonos la llamaré lengua M por ser la lengua madre, y será la que desarrollaré en primer lugar. Como viene siendo habitual entre las lenguas naturales, conforme los humanos se extendieron por las diferentes zonas de la isla, la lengua M se diversificó. La primera división importante debió suceder poco después de la colonización de la isla, todavía en el segundo milenio a. C. y conformó los dos principales grupos lingüísticos, el nórdico (o lengua N) al norte de la gran cordillera que vertebra de este a oeste la isla, y el sureño (o lengua S) al sur de la misma. Alrededor del año 1000 a. C. el nórdico debió dividirse en el nororiental (lengua NE, de noreste), y el noroccidental (lengua NO, de noroeste).

familias-linguisticas

Todo esto es muy sencillo, pero ahora voy a liarlo un poco. Y empezaré por mezclar a los fenicios con Incógnita, puesto que no me creo que con lo mucho que navegaban por esos mares no la acabaran descubriendo. Si ahora supongo que el sureste de Incógnita es rico en estaño, entonces me parece inevitable que fundaran allí una colonia. Aquello pudo suceder, como muy pronto, hacia el siglo VIII a. C., y cabe seguir suponiendo que la influencia fenicia permitiera a los pobladores del sureste de Incógnita desarrollar su primera civilización (a este pueblo lo llamaré en adelante pueblo C). Esta civilización no debió ser gran cosa, y la imagino más parecida a Tartessos que a Egipto, es decir, sin grandes construcciones ni ciudades. Al menos al pueblo C se le debe reconocer el cultivo del árbol que desarrollé en la anterior entrada y al que llamé provisionalmente Cafetero. Asimismo, su lengua debió admitir algunos préstamos de origen fenicio relacionados con la navegación y el comercio.

El pueblo C me parece muy sugerente, pero no será el que hable la lengua que finalmente voy a desarrollar. La lengua que sí tendrá esta suerte, la hablaba un pueblo del noreste, o sea, una lengua NE (por lo que lo llamaré pueblo NE). Su cultura debía girar en torno a su principal pilar económico, la domesticación del Montañés, un animal que también ideé en la entrada anterior.

A partir del siglo IV a. C. el pueblo NE debió migrar hacia el sur, a zonas próximas dominadas por el pueblo C. Pronto se armó una buena gorda, y tras varios siglos de incesante lucha el pueblo NE salió vencedor. Como el pueblo NE estaba en principio mucho más atrasado que el pueblo C, me parece inevitable que su lengua absorbiera muchos préstamos propios de su civilización más avanzada, como los relativos a la guerra, la política y la religión.

Mientras tanto, en los alrededores de Incógnita, la ciudad de Roma fue conquistando todo lo que se le puso a tiro, y parece razonable que en algún momento intentara cruzar el mar para continuar sus conquistas. Sin embargo, esto me fastidiaría por completo porque pondría en peligro la supervivencia de mis lenguas, así que, como el ardor conquistador romano empezó a apaciguarse a partir del siglo I d. C., tomo la decisión de que Roma jamás conquistase Incógnita. (Sí, otra vez le estoy echando morro.) No obstante, sus comerciantes y su cultura pusieron un pie en la isla, y la lengua NE debió inundarse con numerosos términos latinos relativos a su cultura. De esta forma mi lengua tendrá términos a priori y a posteriori.

Finalmente llegamos al siglo V y me imagino al pueblo NE de un modo similar a los antiguos griegos, con numerosas ciudades-estado dándose caña entre sí sin descanso. Su lengua ha vivido constantes transformaciones y numerosas influencias, y el resultado de todas ellas será la lengua que aquí desarrollaré.

Cómo crear una lengua, Editorial Berenice.

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9 comentarios en “Una nueva lengua: historia

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