Una nueva lengua: fonología de la lengua M

El proceso de creación del worldbuilding aún no ha acabado, pues aunque en la anterior entrada dije alguna cosilla sobre la cultura del pueblo NE —el que hablará la lengua que desarrollaré, y llamado así provisionalmente—, me parece más oportuno profundizar sobre este tema más adelante, cuando me ponga a crear palabras y expresiones. Esto me facilitará después explicar la razón de cada una de ellas.

Mientras tanto, voy a ponerme por fin manos a la obra con la construcción de mi nueva lengua. Como dije en mi declaración de intenciones, comenzaré retrocediendo en el tiempo para crear una lengua aún más antigua, la antepasada de todas las lenguas que se hablan en Incógnita. Este primer paso será muy sencillo, pues solo diseñaré su fonología y unas cuantas raíces —y puede que algún detalle sobre su gramática—.

Ahora bien, ¿cómo se diseña un sistema fonológico? ¿Vale con conocer los muchos sonidos que hay en las lenguas naturales y elegir sin más aquellos que nos suenen mejor? Si uno de los pilares fundamentales de nuestra declaración de intenciones es buscar el realismo, tal y como yo hice, la aleatoriedad no es, desde luego, el método más apropiado. En nuestro mundo, los sistemas fonológicos sienten una fuerte inclinación por la búsqueda de algún tipo de equilibrio. Esto suena muy bonito, pero ¿qué significa?

Los fonemas se pueden clasificar según ciertas características, como el modo en que se pronuncian o el lugar donde se pronuncian. Por ejemplo, el fonema /r/ que encontramos en la palabra «perro» es vibrante porque nuestra lengua vibra, y alveolar porque la punta de la lengua se sitúa en el alvéolo —la chicha que cubre los dientes—. Cada lengua favorece solo unas pocas dimensiones, y por eso es tan difícil que un extranjero hable una lengua igual que un nativo.

Las dos principales dimensiones fonológicas son los modos de articulación —cómo se pronuncian los sonidos— y los puntos de articulación —dónde se pronuncian—. Existen muchos modos y muchos puntos, así que tengo que decidir cuáles serán los principales, cuáles los secundarios, y cuáles no aparecerán. Empezaré por los modos de articulación. (Ante cualquier duda sobre lo que explicaré a continuación puedes acceder aquí.)

Entre las lenguas naturales los dos principales modos de articulación son el oclusivo y el fricativo. En unas domina el primero y en otras el segundo, mientras que el resto de modos suelen tener menor presencia. En la lengua M dominará el modo oclusivo.

En cuanto a los puntos de articulación, entre las lenguas naturales hay un patrón muy claro, y es que los sonidos alveolares suelen ser predominantes. La lengua M no va a ser una excepción, por lo que elegiré una mayoría de sonidos alveolares. Los puntos bilabial y velar, que me parecen fácilmente pronunciables, serán los puntos secundarios.

Además de los modos y los puntos de articulación, existen muchas otras dimensiones fonológicas. En la entrada donde hablé sobre las consonantes, expliqué algunas de ellas, pero hay más, como la aspiración y la palatalización.

Si eres andaluz es muy probable que aspires algunas consonantes. Una palabra como «este» es pronunciada por la mayoría de hispanohablantes así: [‘e̞s.te̞]. Pero muchos andaluces se comen la s al tiempo que aspiran la t del siguiente modo: [‘e̞.tʰe̞] (esa diminuta h marca a la anterior consonante como aspirada). Para dejarlo más claro, la aspiración consiste en pronunciar las consonantes con mayor fuerza. Colócate la palma de la mano a unos centímetros de tu boca y pronuncia la típica /t/ española. Quizás notes un ligerísimo airecillo, pero si pruebas otra vez aspirándola entonces notarás un fuerte golpe de aire.

La palatalización, por su parte, se trata de una dimensión desconocida en cualquier variante del español, aunque es muy común en ruso y en esa lengua que a tantos nos ha enamorado, el quenya. Consiste en pronunciar las consonantes al tiempo que aplastamos el paladar con la lengua. Cuando en esta entrada hablé sobre cómo debe pronunciarse «quenya», transcribí esta palabra en AFI así /’kʷɛ.nʲä/, donde /nʲ/ significa que la n debe pronunciarte al mismo tiempo que aplastamos el paladar con la lengua.

Dicho esto, y después de haberme comido la cabeza durante un buen rato, aquí os dejo el sistema consonántico de la lengua M, en el que como vemos, hay una mayoría de oclusivas y de alveolares:

consonantes-lengua-m

La mayoría de estos fonemas se pronuncian del mismo modo en que se escriben en español. Entre las excepciones se encuentra el fonema /θ/, que se pronuncia como la z del español del norte España, la /x/ que representa el sonido de nuestra j, la /j/ al de la i en palabras como «hierba», y la /ɾ/ al de la r en palabras como «pera».

Ahora tocan las vocales. Con ellas me complicaré muchísimo menos y elegiré un sistema muy minimalista:

vocales-lengua-m

Las /i/, /ä/ y /u/ son las i, a y u del español, así que son fácilmente pronunciables para cualquiera de nosotros, mientras que la /ə/, muy común en muchas lenguas, debe pronunciarse como una a con la boca algo más cerrada.

Cómo crear una lengua, Editorial Berenice.

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2 comentarios en “Una nueva lengua: fonología de la lengua M

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