Una nueva lengua: prosodia

Prosodia

Esta entrada será breve porque el tema de la prosodia no suele dar para mucho. Aun así, estoy convencido de que si lo exprimimos con ganas podemos sacar más jugo del esperado.

En primer lugar, ¿qué leches es esto de la prosodia? Se trata de una de las ramas de la lingüística que estudia los sonidos del lenguaje. La fonología es otra rama que se ocupa de las unidades mínimas, es decir, de los fonemas, como las vocales y las consonantes. La prosodia, por su parte, se centra en cómo suenan las unidades mayores, como las sílabas, las palabras, los sintagmas y las oraciones. Estas unidades pueden pronunciarse de diferentes modos según el acento de intensidad, el tono o la entonación. Por ejemplo, la prosodia del español nos dice que hay sílabas tónicas y átonas, y que pueden aparecer en diferentes lugares dentro de una palabra. Asimismo, las oraciones del español se pueden entonar de distintos modos si son enunciativas, interrogativas, exclamativas, irónicas, etc.

Cada lengua tiene su propio patrón prosódico. El francés solo cuenta con palabras agudas, mientras que el chino se sale de lo acostumbrado en Europa y se decanta por utilizar tonos diferentes en lugar de acentos (aquí tienes una explicación de los tonos del chino).

Algo muy llamativo entre las lenguas construidas, es que la inmensa mayoría poseen una prosodia muy similar a la de la lengua materna de su autor. Esto es comprensible debido a que dominar una prosodia diferente supone una de las mayores dificultades a la hora de aprender una lengua extranjera; si el lector está estudiando chino comprenderá a qué me refiero. Yo mismo me siento perfectamente capacitado para crear una lengua tonal sobre el papel, pero si nunca lo he hecho se debe a que no estaría en condiciones de pronunciarla como Dios manda. Así que agacho la cabeza humildemente, y voy a crear una prosodia para el erenna dentro de los estándares del español… pero lo más diferente que pueda.

Con respecto a las palabras del erenna, estas pueden ser como las del español, es decir, su acento no es predecible y hay palabras agudas, llanas y esdrújulas, pero no sobresdrújulas; primera diferencia con el español.

La segunda diferencia es que en español el patrón dominante nos dice que las palabras que acaban en vocal suelen ser llanas, como «cama» o «libro», y las que acaban en consonante tienden a ser agudas, como «avión» o «favor». La mayoría de las excepciones son conjugaciones verbales («cantan», «cantó»), cultismos grecolatinos («música», «hábil») y préstamos («fútbol», «iglú»). En erenna, sin embargo, el acento suele depender de la raíz de la lengua M de la que proceda. Para verlo bien, voy a crear nuevas palabras que provengan de una misma raíz: «ħel» (dedo), que derivó en erenna a «del» con el mismo significado. De esta raíz también derivaron los términos «edēl» (anillo) y «delan» (dirección, trayectoria). Como vemos, los acentos en estas dos palabras recaen en la antigua raíz. En palabras compuestas por más de una raíz, lo normal es que sea llana, aunque hay excepciones.

La tercera diferencia es la más notable de todas, ya que si bien es cierto que en erenna cada palabra cuenta con una sílaba tónica, esta solo se manifiesta cuando está en solitario u ocupa el último lugar de un sintagma. O dicho de otro modo: cada sintagma solo tiene una única sílaba tónica, que pertenece a la de su última palabra. Mejor pongo un nuevo ejemplo para explicarme decentemente. Cuando en español pronunciamos la siguiente oración: «un hombre está pintando su casa», pronunciamos solo cuatro sílabas tónicas a pesar de que haya seis palabras. Esto es así porque las preposiciones, los determinantes y las conjunciones monosilábicas del español son clíticos, es decir, se pronuncian como una parte átona de la palabra a la que acompañan. Por eso, el sintagma «un hombre», no lo pronunciamos así: /’un.’o̞m.bɾe̞/, sino así: /un.’o̞m.bɾe̞/.

Esta misma oración se traduciría al erenna del siguiente modo:

iſināħ badī             acān la         tani uren

(pintando va        hombre uno        casa su)

Cada palabra cuenta con su propia sílaba tónica, pero la única que se pronuncia en cada sintagma es la de la última palabra. O sea, que el primer sintagma debe pronunciarse así: /i.ɸi.näθ.βä.’ði/; el segundo así: /ä.kan.’lä/; y el tercero así: /tä.ni.’u.ɾe̞n/.

No obstante, hay dos excepciones: la primera se da cuando el sujeto es un pronombre, pues este se pronuncia como parte del sintagma verbal: «iſināħ ai» (yo pinto) se pronuncia /i.ɸi.näθ.’äj/; la segunda excepción son las conjunciones, que son siempre átonas.

Por otro lado, de todos los acentos tónicos, el del último sintagma suele pronunciarse con mayor intensidad que el resto. Por lo tanto, en la oración de arriba, el acento de «uren» es el que adquiere el mayor protagonismo.

Las oraciones interrogativas y exclamativas del erenna también difieren de las del español. En nuestra lengua, cuando preguntamos, solemos ascender el tono dos veces, una al inicio y otra al final. Cuando exclamamos lo descendemos también dos veces; de nuevo una al principio y otra al final. Este patrón no se repite en erenna. Debido a la fuerza del acento de intensidad del último sintagma, el tono asciende en las interrogativas y desciende en las exclamativas una única vez al principio.

Cómo crear una lengua, Editorial Berenice.

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Un comentario en “Una nueva lengua: prosodia

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