Una nueva lengua: topónimos

Para muchos, el aspecto más importante de una ideolengua es, sin lugar a dudas, poner nombre a los lugares y personajes de su mundo. De hecho, es bastante común que se ahorren todos los pasos que aquí he ido describiendo con paciencia infinita —histo­ria, fonología, gramática, etc.— y se pongan directamente a inventar nombres. No veo ningún inconveniente a esto. Si nuestro objetivo es así de sencillo, puede ser absurdo que nos tomemos la molestia de construir una lengua de pies a cabeza, especialmente si no tenemos suficientes conocimientos de lingüística (aunque conozco un manual editado por Berenice que es súper fácil, súper ameno y súper completo).

Ahora bien, supongo que los que estáis leyendo estas palabrejas que estoy aquí juntando, estaréis esperando algún modo de creación de topónimos y antropónimos algo más estructurado, en sintonía con el trabajo que he estado haciendo en las últimas entradas. Sin embargo, como padezco de verborrea y esta entrada me va a quedar algo larga, los antropónimos los dejaré para la próxima ocasión.

Así pues, me centro con los topónimos. Vuelvo a recordar que mi intención es imitar en lo posible las lenguas naturales. Esto lo digo porque en el género de la fantasía es muy común que al ponerse a bautizar, al autor le salga la vena poética y se le ocurran nombres del tipo «isla del viento susurrante» o «piedra del destino». Este estilo me fascina, sinceramente, pero en el mundo real pocas veces encontramos semejante nivel de floritura. Tened en cuenta que Francia significa «tierra de los francos» y Grecia «tierra de los griegos». Hay excepciones, y muchas, pero en el mundo nuestro de cada día los poetas suelen dedicarse a lo suyo, mientras que quienes ponen nombres son los primeros en toparse con un lugar y los padres cuando tienen un hijo.

Con respecto a mis topónimos, intentaré en lo posible crear nombres prosaicos (algo problemático, pues también tengo complejo de poeta :p). Algunos serán descriptivos, como «gran colina», otros estarán relacionados con la religión, como en el mundo real San Francisco o Los Ángeles, y otros tendrán una etimología incierta, a imitación de muchísimos topónimos reales. Debo tener en cuenta además cuándo y en qué lengua se creó cada uno de los topónimos. Los más arcaicos los haré en la lengua M y los creados por los d’arřān los haré en su propia lengua. Luego adaptaré unos y otros a la fonología del erenna. Solo los topónimos más modernos estarán construidos directamente en erenna.

  • Regiones
  • Laruōn: «país de los que visten laru». Su etimología la podéis encontrar aquí. Es el nombre de toda la isla.
  • Ereōn: «país de los libres». Su etimología la podéis encontrar en la entrada que cité en el anterior punto. Es la región suroriental de Laruōn.
  • Celdayan: «país dorado», de la raíz «khel» (brillo) y del arřān «kel» (oro), más el sufijo «-da» (adjetivo), que produce el adjetivo «celda» (dorado), y «yan» (país). Ereōn se divide en tres regiones, dos de las cuales hablaré a continuación, mientras que la tercera es Celdayan, la región interior. Su nombre procede del tono dorado de los campos de cultivo en verano. Como veis, algo de poeta tengo.
  • Gizayan: «país donde abundan las mi giza». Una giza es un tipo de tienda desmontable propia de los pueblos seminómadas de Laruōn. Su nombre procede de la raíz «kis» (efímero), que se convirtió en «giza» en un dialecto sureño parecido al arřān.
  • Milayan: «país boscoso». De la raíz «mil» (vitalidad) se derivó «mila» (planta, flora). Es la región al noreste de Laruōn. Su nombre se debe a los muchos bosques que la cubren.
  • Ircayan: «país de los ircanos». Es la región noroccidental de Laruōn, y su nombre se debe a los ircanos, un pueblo que dominaba la zona.
  • Montañas
  • Tannaya: «hogar del hielo», de «tani» (hogar) y «aja» (hielo). Se trata de la principal cordillera de Laruōn que la atraviesa de este a oeste.
  • Inadon: «muro intermedio», de «in» intermedio» y «adon» (muro). Esta última palabra tiene una etimología compleja, pues procede de «tan» (familia), que se convirtió en «taun» (espacio familiar). En arřān se transformó en «don», que con el prefijo tónico «ā-» se convirtió en «adon» (lo que está fuera del espacio familiar), y que en erenna cobró el valor de «muro». Se trata de la cordillera que separa Celdayan del mar. En esta región abundan las vetas minerales y es donde se encuentran las principales ciudades.
  • Γiladon: «muro de islas». La palabra «ſil» procede de la raíz «phil» (isla). Son las islas al sur de Ereōn.
  • Gisnea: de etimología incierta, aunque puede que provenga de la expresión en lengua M «wesnewa» (donde llueve en abundancia). Son los montes del interior de Ircayan, una región especialmente húmeda.
  • Eunlaħ: «donde se asciende al cielo». De la raíz «ew» (círculo), que derivó a «ewm» (cúpula celestial), y que en erenna se transformó en «eun». La palabra «laħ» procede de la raíz «lat» (ascensión). Es el volcán más alto de la isla, y por ello los eredan creían que era uno de los principales lugares por donde descendían y ascendían los dioses en sus viajes desde el cielo a la tierra. También creían que, como ocupa el centro de Ereōn, se trataba del lugar donde nació toda la Tierra. Por eso también lo llamaban «Darbadāi», o sea, «Padre de todas las tierras».
  • Ríos
  • Celdarun: «río dorado». Se trata del principal río de Celdayan.
  • Xonnun: «río masculino/río del varón». La palabra «xon» (varón) procede de la raíz «khem». Este nombre se supone que deriva de un mito por el que un hombre se sacrificó para que su pueblo no volviera a carecer de agua.
  • Peyalen: «aguas bravas». De origen arřān, procede de la raíz «phej» (valor), que derivo a «peja» (bravura).
  • Darun: «río padre», de la raíz «ħař» (padre), que derivó en erenna a «dar» con el mismo significado. Es el río más largo y caudaloso de Laruōn, lo que convenció a los colonos que provenían de la seca Ereōn de que se trataba del padre de todos los ríos. Evidentemente, el Nilo solo lo conocían de oídas.
  • Lemis: «agua viva». Se trata de un término de origen arcaico. Procede de la raíz «lem» (agua), y del sufijo «-is» (género animado).
  • Sase: «limpio». Término procedente de una lengua emparentada con el arřān. Procede de la raíz «ħas» (limpio), que derivó en «sash», y a la que se le añadió el sufijo «-e» (género animado).
  • Ciudades
  • Arřa: nombre del templo más importante erigido por los d’arřān. Su etimología la podéis ver aquí.
  • Celonda: «bronceada». Las crónicas de los eredan y el registro arqueológico coinciden en catalogarla como la ciudad más antigua de Laruōn. Es de origen ereda, puesto que los d’arřān no fundaron poblados clasificables como ciudades. Su nombre se debe a que las montañas que la rodean son ricas en cobre y estaño.
  • Tiras: «manantial sagrado». Es la ciudad más importante de Ereōn. Según un mito, un dios clavó su espada en una roca para que surtiera un milagroso manantial y colmara su sed. En aquel lugar se erigió un pequeño templo que, poco a poco, fue atrayendo a más y más gente hasta convertirse en la mayor ciudad ereda.
  • Zirōħ: «ciudad del vado». Principal ciudad de Celdayan, su nombre proviene de la raíz «sir» (vado), y del sufijo «-rōħ», que proviene a su vez de «erōħ» (ciudad). Esta palabra es de origen arřān y está compuesta por la raíz «rat» (borde), de la que derivó «raut» (costa). En arřān se convirtió en «rod» y se le añadió el prefijo «e-» (lugar). Para este pueblo, «erōt» se refería solo a los poblados próximos a la costa, pero los eredan lo utilizaron para todo tipo de ciudades.
  • Ayedi: «carente de provisiones». Esta ciudad se levanta sobre una diminuta isla al este del archipiélago de Γiladon. Su nombre se debe a que carecía de fuentes de agua dulce y de tierras disponibles para el cultivo. Por estas carencias, la ciudad tuvo que concentrarse en el comercio, lo que la convirtió en una de las principales potencias económicas de Ereōn. Su nombre es una contracción de la expresión «agi edi» (sin alimento).
  • Elesoř: «buen puerto», de «elēs» (puerto), que procede de la raíz «les» (protección, guardar). El sufijo «-oř» es un préstamo arřān.
  • Erenirōħ: «ciudad de Ereni». Los eredan colonizaron las costas de otras regiones de Laruōn, especialmente de Milayan. Los colonos solían agradecer a los dioses a los que habían encomendado el viaje bautizando la colonia con su nombre.
  • Biřma: de etimología incierta. Se trata de la principal colonia ereda de Milayan, y se edificó sobre un poblado preexistente. Su nombre quizás esté relacionado con las raíces «wiř» (odio) y «mař» (vigilancia).
  • Nabarōħ: «ciudad de Nabār». Es la principal colonia ereda de Gizayan. Su nombre conmemora a Nabār, un rey mítico del que se contaba que después de haber sido desterrado (su nombre significa precisamente «desterrado») descubrió la mismísima boca del inframundo. La ciudad se erigió cerca de un volcán del que se decía que era esa misma entrada.

Ahora solo queda colocar todos estos topónimos en el lugar que les corresponde en el mapa:

Laruon

Cómo crear una lengua, Editorial Berenice. También en Amazon

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Un comentario en “Una nueva lengua: topónimos

  1. Pingback: Una nueva lengua: antropónimos | Cómo Crear una Lengua

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