Nuestra santa patrona

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Los pescadores pueden encomendarse a San Andrés, su santo patrón, para garantizarse una buena pesca. En caso de necesidad, los sastres le rezan a San Francisco de Asís. Y los panaderos dependen de toda una tropa de patronos entre quienes están San Horacio de Amiens, San Ambrosio, San Fermín, San Miguel y no sé cuántos más.

Los oficios más modernos también cuentan con su especializada ayuda divina. Los cerrajeros tienen a San Pedro —como era de esperar—, los humoristas a San Felipe Neri, los fotógrafos a Santa Verónica y los mecánicos a San Eloy. Pero, ¿y los conlangers o constructores de lenguas? ¿Acaso nos encontramos abandonados?

Yo suelo poner velas a San Tolkien cuando ando falto de inspiración, pero dentro de nuestro gremio, un grupo se nos ha adelantado y ha elegido a su propia santa. Estoy hablando de los esperantistas y su patrona Santa Hildegarda.

La elección, como en todos los casos, está lejos de ser aleatoria. Hildegarda de Bingen o Hildegard von Bingen fue una abadesa alemana del siglo XII de gran cultura y brillantez intelectual. La moza sabía de medicina, era experta en teología, componía música en sus ratos libres, y tuvo un importante papel en la política de su época, ganándose el aprecio ni más ni menos que del emperador Federico Barbarroja.

Otra de sus aficiones, esta vez más estrambótica, fue el ejercicio de la profecía. Esto le surgió porque de niña tuvo una salud frágil y era frecuente que con fiebre sufriera alucinaciones. Las experiencias se repitieron con asiduidad durante su etapa adulta, y se convenció de que se trataban de perturbadoras revelaciones divinas.

Con seguridad, todo este batiburrillo de experiencias debieron forjar el pensamiento místico de esta mujer extraordinaria, y es muy posible que influyera en su creación que aquí más nos interesa, la primera lengua construida de la que se tiene noticia, la Lingua Ignota o «lengua desconocida» en latín.

Esta lengua se compone de mil once palabras —que aquí podéis ver— y de una escritura original de veintitrés letras llamadas Litterae Ignotae (letras desconocidas). La gramática parece ser un trasunto de la latina, e incluso el mismo léxico podría haberse inspirado tanto en el latín como en la lengua romance del Mosela.

Con esta lengua, Hildegarda escribió un ahora famoso poema en el que adoraba a la Iglesia. Aunque quién sabe, quizás cuando nadie la observaba escribía historias sobre elfos y enanos en pie de guerra para que el bien prevaleciera sobre el mal.

Cómo crear una lengua, Editorial Berenice. También en Amazon

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